Mi entorno familiar siempre se caracterizó por una marcada no preservación del pasado. Familia poco numerosa, poco afecta al coleccionismo y al rescate de una historia familiar precedente. Por ende, la idea de álbum familiar es casi inexistente. De hecho atesoro muy pocas fotografías de mí en edad temprana, rescatadas del fondo de un armario en una caja de zapatos.
Pienso que la idea de diario intimo y viaje, real y metafórico, signa gran parte de mi trabajo y de lo que vengo haciendo estos últimos años. Me gusta pensarme siempre desde la mirada del que viaja, del viajante, del viajero, del que mira algo por primera vez. Utilizo la fotografía para registrar mis viajes, tanto los que realizo semanalmente a Leones por cuestiones laborales como aquellos que son parte de planes vacacionales, con amigos o en pareja. Cada foto es una declaración de amor, dice Magali, “es empatía frente al diálogo amoroso entre los protagonistas de las imágenes. Es deseo de traslado al lugar de los hechos amables que permiten la emergencia de la afectividad”. Una novela leída y una sesión de fotos en un barco son suficientes para transformarse en “Dormir al sol”.
Nunca escribí un diario íntimo. Me es difícil llevar a palabras eso que siento o pienso. Siempre se trata de registrar para recordar y si bien la aparición de nuevas tecnologías implican nuevas formas del registro, lo que antes se mantenía en una esfera más íntima (mi caja de zapatos), hoy encuentra plataformas dispares para exhibirse (fotolog, ultra-book, facebook, blogs, flickr, etc.).