2007 . 2009
Fotografía digital toma directa, tv, video monocanal
Medidas variables.

"Premio Roggio 100 años” de Artes Visuales. Seleccionado. Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa. Córdoba.
“LXII Salón Nacional de Rosario”. Mención. Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino. Rosario.
“De mi casa a tu casa”. Espacio El Cubo. Cultura Pasajera. Rosario.

Cuando un artista hace obra hace síntoma. Por eso Maximiliano inventa la maquina de dibujar, para trazar su propia órbita amorosa. De este modo, atraviesa el itinerario que lo conduce al amor soñado escoltado por su invención, protegido por un trazo que le permite no extraviarse mientras le recuerda insistentemente de dónde procede. En su línea, es el enamorado que conociendo su riesgo recorre el destino que él mismo dibuja. La estela que va dejando es también hilo que amarra, una línea que ata pero a su vez conecta. Porque su mapa, como cualquier otro, sirve para conocer el mundo, aunque la intención del que él construye es olvidarlo y encontrar uno nuevo.
Su propósito parece ser organizar una cartografía amorosa que le permita transitar a salvo un camino, como el de todos, repleto de accidentes. Su mapa es su propia huella porque quien deja un rastro desea ser encontrado. Es por esto que la invención de Maximiliano señala su fascinación por un imposible, porque el movimiento que transita el amor, es impredecible. El fracaso en el amor radica en que nunca se lo encontrará plenamente al tiempo de que es esta misma falta la que posibilita el deseo de enamorarse. Como en un cruce de caminos, el amor incluye también el riesgo de desviarnos. Un atlas amoroso permite una constelación de recorridos y la elección puede resultar un tormento. Elegir implica perder, y la maquina de Maximiliano, promete el confuso reaseguro de retornar sobre sus pasos.
En Hansel y Gretel, los hermanos Grimm narran un intento de infanticidio. En la versión original del cuento, los hermanos son abandonados por su madre que no puede alimentarlos. Para ellos, el sendero de guijarros blancos que dejaban a su paso significaba tanto vivir como regresar adonde eran deseados muertos. Para cualquiera de nosotros, retomar los pasos conlleva también el peligro de perderse las posibles otras direcciones dignas de recorrerse. Incluso los atajos.
El amor sobrevive en aquel que no abandona la expectativa de encontrarlo. Ama el que puede porque quiere. Ama Maximiliano porque su línea comprende un surco que es trinchera y a la vez camino hacia la esencia de su apasionamiento.

David Nahon

2007 . 2009
Fotografía digital toma directa, tv, video monocanal
Medidas variables.

"Premio Roggio 100 años” de Artes Visuales. Seleccionado. Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa. Córdoba.
“LXII Salón Nacional de Rosario”. Mención. Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino. Rosario.
“De mi casa a tu casa”. Espacio El Cubo. Cultura Pasajera. Rosario.

Cuando un artista hace obra hace síntoma. Por eso Maximiliano inventa la maquina de dibujar, para trazar su propia órbita amorosa. De este modo, atraviesa el itinerario que lo conduce al amor soñado escoltado por su invención, protegido por un trazo que le permite no extraviarse mientras le recuerda insistentemente de dónde procede. En su línea, es el enamorado que conociendo su riesgo recorre el destino que él mismo dibuja. La estela que va dejando es también hilo que amarra, una línea que ata pero a su vez conecta. Porque su mapa, como cualquier otro, sirve para conocer el mundo, aunque la intención del que él construye es olvidarlo y encontrar uno nuevo.
Su propósito parece ser organizar una cartografía amorosa que le permita transitar a salvo un camino, como el de todos, repleto de accidentes. Su mapa es su propia huella porque quien deja un rastro desea ser encontrado. Es por esto que la invención de Maximiliano señala su fascinación por un imposible, porque el movimiento que transita el amor, es impredecible. El fracaso en el amor radica en que nunca se lo encontrará plenamente al tiempo de que es esta misma falta la que posibilita el deseo de enamorarse. Como en un cruce de caminos, el amor incluye también el riesgo de desviarnos. Un atlas amoroso permite una constelación de recorridos y la elección puede resultar un tormento. Elegir implica perder, y la maquina de Maximiliano, promete el confuso reaseguro de retornar sobre sus pasos.
En Hansel y Gretel, los hermanos Grimm narran un intento de infanticidio. En la versión original del cuento, los hermanos son abandonados por su madre que no puede alimentarlos. Para ellos, el sendero de guijarros blancos que dejaban a su paso significaba tanto vivir como regresar adonde eran deseados muertos. Para cualquiera de nosotros, retomar los pasos conlleva también el peligro de perderse las posibles otras direcciones dignas de recorrerse. Incluso los atajos.
El amor sobrevive en aquel que no abandona la expectativa de encontrarlo. Ama el que puede porque quiere. Ama Maximiliano porque su línea comprende un surco que es trinchera y a la vez camino hacia la esencia de su apasionamiento.

David Nahon